En enero de 1958, un golpe de estado en Venezuela puso fin a la aventura militar del dictador Marcos Perez Jimenez, acompanado de un movimiento popular de respaldo que sirvió para justificar a quienes veían -y quienes todavía ven- en esta fecha, el inicio formal de la democracia en el pais. Asumamos entonces que es cierto, igual da a los efectos de este escrito; desde allí y hasta 1998, mediaron 40 anos que debieron servir para dar forma a un sistema de gobierno que entonces resultaba desconocido. En medio de la efervescencia propia de los 60, nos lanzamos como colectivo a la tarea de construir un Estado moderno que nos permitiera alcanzar en poco tiempo, el sueno de progreso y desarrollo que a fin de cuentas nos produciría bienestar. Pero, vistos los resultados, algo falló.

El modelo de democracia electoral -occidental- se impuso desde las llamadas naciones desarrolladas al término de la II Guerra Mundial, tomando como instrumento de promoción la plataforma de la nóbel Organización de Naciones Unidas. Fue un movimiento de alcance global, que pretendía insertar a las naciones en un modelo de desarrollo de tipo capitalista, pronto enfrentado al modelo soviético, una confrontación que acabó por partir el mundo en dos bandos antagónicos; el problema es que nadie entendía cómo funcionaba la democracia en su versión capitalista, porque este modelo de gobierno era propio de ciertas economías y desde luego, ciertas sociedades. La idea, ingenua por donde se mire, era igualar hacia arriba, en el entendido de que las prósperas naciones del norte sirvieran de ejemplo para el resto del mundo.
En Africa, este modelo -implantado a la fuerza desde 1960, cuando se produce una oleada de independencias por decreto- resultó un tremendo fracaso, que sólo posibilitó la llegada de sangrientos dictadores al poder y el sacrificio innecesario de miles de personas. En América Latina y en Venezuela, tampoco se entendió muy bien de qué iba esto de la democracia occidental, porque no teníamos experiencia ni tampoco el tipo de sociedad adecuado para impulsarla -muchos paises, como el nuestro, conservaban una economía agrícola y no industrial-. Pensamos entonces que todo se reducía al periódico acto electoral y la existencia de múltiples partidos, si bien sólo unos pocos acababan por tomar las principales desiciones. Asi pues, comenzamos a avanzar en la dirección indicada, no la mejor, quizá, pero si la prescrita: industrialización masiva, urbanización acelerada, emergencia de una clase media, consolidación de una sociedad de consumo...
Sólo que, una vez más, nunca entendimos de qué se trataba esto. Como sociedad, nos faltaban algunos detallitos que son inherentes a la buena marcha del sistema democrático : planificación, previsión, sentido del ahorro, visión a largo plazo, sacrificio del inmediatismo en función del mayor beneficio..en cambio, los rasgos propios de nuestra historia y cultura nos impusieron la anarquia, la improvisación, el cuánto hay pa´ eso, la visión cortoplacista, la máxima ganancia con el mínimo esfuerzo...
Tengo para mi que la versión venezolana del modelo democrático occidental no condujo progresivamente a ninguna crisis, pues lo que ahora tenemos no puede ser visto como una nueva etapa, sino una penosa continuación de lo mismo con otros medios; de allí que quienes gritaron "crisis de partidos!! crisis de partidos!!" para referirse al ascenso de la antipolítica en 1998, en realidad sólo tienen una parte de razón: de existir una crisis política, la misma tendría que ser de la totalidad del sistema y no de una de sus partes. Y deriva de la incapacidad tanto colectiva como de nuestros dirigentes -antes y ahora-, para entender qué significa la democracia. Necesitábamos -a lo mejor- antes que fábricas y carreteras, emprender la construcción de un sentido particular para el tipo de democracia que necesitábamos, atendiendo a los rasgos buenos y malos de nuestra cultura en vez de intentar emular a ciegas el modelo político norteamericano.
En 40 anos, entonces, nos dedicamos a fabricar no diputados, sino diputados venezolanos. Senadores venezolanos. Políticos venezolanos. Lo peor de nuestra cultura, no debidamente reflexionado ni menos canalizado, acabó por dar forma, vamos a decirlo asi, al animal político venezolano. A una manera de gestionar la política y entenderla. En 40 anos, nuestra dirigencia promovió el clientelismo, el carnet del partido, las lealtades según colores -blanco o verde-, los acuerdos secretos para el reparto del poder, la coima, la comisión, el chanchullo, la trácala, el nepotismo, la viveza, el padrinazgo, el manejo de los recursos del Estado a discreción y para uso personal, las colitas en los aviones, los cargos secretos para cobrar más sin hacer mucho, la indolencia ante el gasto supérfluo, el arte de brincar la talanquera, la adulación -increible!!- como recurso para lograr ascensos, la irresponsabilidad, el amiguismo, los sobreprecios...
Esta es la obra oculta de la democracia venezolana, no los puentes ni la infraestructura o lo que normalmente figura en los libros de historia. En esto transformamos, sin saberlo o sabiéndolo, las potenciales oportunidades que se nos abrieron en 1958. Una brillante generación de estudiantes formados en el exterior durante los 70, sucumbió ante la imposibilidad de nuestra dirigencia para asimilarlos. Asi aprendimos el arte de la política. La revolución que necesitábamos, la que no fue, tendría que haber corregido esa falla, de nuevo, partiendo de un sincero análisis de nuestras fortalezas y debilidades como colectivo. Donde se prostituyeron las instituciones, adecentarlas. Donde se perdió la credibilidad, recuperarla. Donde se perdió la decencia, impartirla. De verdad, no necesitábamos el hombre nuevo..bastaba el político nuevo. Estabamos esperando la nueva generación de políticos, los que nos iban por fin a explicar en qué consistia la democracia y porqué debiámos creer en este sistema, que a fin de cuentas y pese a sus carencias, es el que nos permite disfrutar de más derechos como ciudadanos.
Pero..es necesario decirlo? Porqué sonrío con amargura cuando escucho hablar de revolución? Dónde están los cambios? Retrocedimos más de 40 anos atrás, cuando el rumbo del país lo decidía un sólo hombre. Volvimos al caudillismo del siglo XIX. Despreciamos sin pudor ni arrepentimiento un legado que era necesario descubrir y valorar, para abrazar de nuevo el pais-hacienda con capataz incluido, que teníamos en las primeras décadas del siglo XX. 40 anos después, todavía necesitamos que alguien grite y vocifere lo que hay que hacer, lo que se supone es justo y correcto. 50 anos después, corrijo, nos mostramos absolutamente incapaces de mostrar autonomía de acción y pensamiento. Hoy por hoy, de hecho, tenemos la peor versión de la democracia que cabe imaginarse: las instituciones no funcionan ni son creibles porque carecen de independencia, el propio ejecutivo se ha encargado de minarlas con la creación de un aparatoso e inauditable sistema paralelo; y lo peor de antes, sobrevive intacto con otros medios..y acaso con más fuerza. Seguimos gestionando la política a la venezolana: la coima, la comisión, el chanchullo, el maletinazo con dolares, las licitaciones a dedo, el clientelismo, la falta de transparencia, la adulacion -recuerdan aquello de "es como un padre, y a un padre no se le reclama"?-, la talanquera, el nepotismo, la viveza..son los mismos políticos que empujaron al pais al abismo, con otros rostros. Los adecos y copeyanos de siempre, leyendo apresuradamente un libro de Marxismo para Dummies. Y estos también nos hundirán, porque carecen del tipo de valores que necesitamos. Dónde están los cambios? Para mí no hay diferencia entre las colitas de la IV República y las de la V República -para los no enterados, una cola en Venezuela es un aventón, y aqui recordamos un escándalo suscitado en 1998 cuando se descubrió que algunas personas -léase amigos y familiares- usaban los aviones de PDVSA para viajar, a cuenta de que había suficiente puesto en la nave. El propio gobierno, al principio, condenó estas prácticas, sin embargo...- Para mi, no hay diferencia entre financiar campanas en Nicaragua -lo hizo Pérez y por ese motivo fue destituido- y financiar campanas en Argentina, Centroamérica, Ecuador, Bolivia y las que no sabemos. Para mi, la impudicia de la juez que lanzó el dinero por la ventana al descubrirse cercada por la policía, y los jueces que se inventan sentencias injustificables e insostenibles juridicamente, sólo para complacer a Miraflores, es exactamente la misma.
No aprendimos nada, ni en 40 anos ni en 10. Ni ellos ni nosotros, empezando por los gobernados, el llamado pueblo, que en estos momentos parece comprar sin pensar cualquier tesis que le vendan desde el gobierno -por ejemplo, el disparate de la reelección-. Nuestros dirigentes, por otro lado, aún no han entendido de que va la democracia. Se podría incluso decir que menos: el sectarismo y la intolerancia se venden al mejor postor. Ahora resulta que la violencia, el insulto fácil, la falta de argumentos -todo es culpa del Imperio- y la descalificación -cuando no la agresión física directa-, por ejemplo, son también formas de gestionar la política. Se sigue confundiendo la chicha con la limonada; Estado y gobierno son la misma cosa. También, claro está, el gobierno es la voluntad única del presidente, quien a su vez encarna al pueblo y ejerce su representación. Queda claro que por el camino, se extraviaron los conceptos de pueblo, gobierno, estado, funcionario, nación...y a nadie le importa, que es lo peor. La democracia venezolana es una perpetua confusión, y eso nos hace vulnerables a la manipulación y el engano. No existe revolución, desde luego. Sólo un ya largo, equivocado, concepto de democracia. Una penosa versión, venezolana, que a dia de hoy todavía muestra síntomas de vigorosa salud...

El modelo de democracia electoral -occidental- se impuso desde las llamadas naciones desarrolladas al término de la II Guerra Mundial, tomando como instrumento de promoción la plataforma de la nóbel Organización de Naciones Unidas. Fue un movimiento de alcance global, que pretendía insertar a las naciones en un modelo de desarrollo de tipo capitalista, pronto enfrentado al modelo soviético, una confrontación que acabó por partir el mundo en dos bandos antagónicos; el problema es que nadie entendía cómo funcionaba la democracia en su versión capitalista, porque este modelo de gobierno era propio de ciertas economías y desde luego, ciertas sociedades. La idea, ingenua por donde se mire, era igualar hacia arriba, en el entendido de que las prósperas naciones del norte sirvieran de ejemplo para el resto del mundo.
En Africa, este modelo -implantado a la fuerza desde 1960, cuando se produce una oleada de independencias por decreto- resultó un tremendo fracaso, que sólo posibilitó la llegada de sangrientos dictadores al poder y el sacrificio innecesario de miles de personas. En América Latina y en Venezuela, tampoco se entendió muy bien de qué iba esto de la democracia occidental, porque no teníamos experiencia ni tampoco el tipo de sociedad adecuado para impulsarla -muchos paises, como el nuestro, conservaban una economía agrícola y no industrial-. Pensamos entonces que todo se reducía al periódico acto electoral y la existencia de múltiples partidos, si bien sólo unos pocos acababan por tomar las principales desiciones. Asi pues, comenzamos a avanzar en la dirección indicada, no la mejor, quizá, pero si la prescrita: industrialización masiva, urbanización acelerada, emergencia de una clase media, consolidación de una sociedad de consumo...
Sólo que, una vez más, nunca entendimos de qué se trataba esto. Como sociedad, nos faltaban algunos detallitos que son inherentes a la buena marcha del sistema democrático : planificación, previsión, sentido del ahorro, visión a largo plazo, sacrificio del inmediatismo en función del mayor beneficio..en cambio, los rasgos propios de nuestra historia y cultura nos impusieron la anarquia, la improvisación, el cuánto hay pa´ eso, la visión cortoplacista, la máxima ganancia con el mínimo esfuerzo...
Tengo para mi que la versión venezolana del modelo democrático occidental no condujo progresivamente a ninguna crisis, pues lo que ahora tenemos no puede ser visto como una nueva etapa, sino una penosa continuación de lo mismo con otros medios; de allí que quienes gritaron "crisis de partidos!! crisis de partidos!!" para referirse al ascenso de la antipolítica en 1998, en realidad sólo tienen una parte de razón: de existir una crisis política, la misma tendría que ser de la totalidad del sistema y no de una de sus partes. Y deriva de la incapacidad tanto colectiva como de nuestros dirigentes -antes y ahora-, para entender qué significa la democracia. Necesitábamos -a lo mejor- antes que fábricas y carreteras, emprender la construcción de un sentido particular para el tipo de democracia que necesitábamos, atendiendo a los rasgos buenos y malos de nuestra cultura en vez de intentar emular a ciegas el modelo político norteamericano.
En 40 anos, entonces, nos dedicamos a fabricar no diputados, sino diputados venezolanos. Senadores venezolanos. Políticos venezolanos. Lo peor de nuestra cultura, no debidamente reflexionado ni menos canalizado, acabó por dar forma, vamos a decirlo asi, al animal político venezolano. A una manera de gestionar la política y entenderla. En 40 anos, nuestra dirigencia promovió el clientelismo, el carnet del partido, las lealtades según colores -blanco o verde-, los acuerdos secretos para el reparto del poder, la coima, la comisión, el chanchullo, la trácala, el nepotismo, la viveza, el padrinazgo, el manejo de los recursos del Estado a discreción y para uso personal, las colitas en los aviones, los cargos secretos para cobrar más sin hacer mucho, la indolencia ante el gasto supérfluo, el arte de brincar la talanquera, la adulación -increible!!- como recurso para lograr ascensos, la irresponsabilidad, el amiguismo, los sobreprecios...
Esta es la obra oculta de la democracia venezolana, no los puentes ni la infraestructura o lo que normalmente figura en los libros de historia. En esto transformamos, sin saberlo o sabiéndolo, las potenciales oportunidades que se nos abrieron en 1958. Una brillante generación de estudiantes formados en el exterior durante los 70, sucumbió ante la imposibilidad de nuestra dirigencia para asimilarlos. Asi aprendimos el arte de la política. La revolución que necesitábamos, la que no fue, tendría que haber corregido esa falla, de nuevo, partiendo de un sincero análisis de nuestras fortalezas y debilidades como colectivo. Donde se prostituyeron las instituciones, adecentarlas. Donde se perdió la credibilidad, recuperarla. Donde se perdió la decencia, impartirla. De verdad, no necesitábamos el hombre nuevo..bastaba el político nuevo. Estabamos esperando la nueva generación de políticos, los que nos iban por fin a explicar en qué consistia la democracia y porqué debiámos creer en este sistema, que a fin de cuentas y pese a sus carencias, es el que nos permite disfrutar de más derechos como ciudadanos.
Pero..es necesario decirlo? Porqué sonrío con amargura cuando escucho hablar de revolución? Dónde están los cambios? Retrocedimos más de 40 anos atrás, cuando el rumbo del país lo decidía un sólo hombre. Volvimos al caudillismo del siglo XIX. Despreciamos sin pudor ni arrepentimiento un legado que era necesario descubrir y valorar, para abrazar de nuevo el pais-hacienda con capataz incluido, que teníamos en las primeras décadas del siglo XX. 40 anos después, todavía necesitamos que alguien grite y vocifere lo que hay que hacer, lo que se supone es justo y correcto. 50 anos después, corrijo, nos mostramos absolutamente incapaces de mostrar autonomía de acción y pensamiento. Hoy por hoy, de hecho, tenemos la peor versión de la democracia que cabe imaginarse: las instituciones no funcionan ni son creibles porque carecen de independencia, el propio ejecutivo se ha encargado de minarlas con la creación de un aparatoso e inauditable sistema paralelo; y lo peor de antes, sobrevive intacto con otros medios..y acaso con más fuerza. Seguimos gestionando la política a la venezolana: la coima, la comisión, el chanchullo, el maletinazo con dolares, las licitaciones a dedo, el clientelismo, la falta de transparencia, la adulacion -recuerdan aquello de "es como un padre, y a un padre no se le reclama"?-, la talanquera, el nepotismo, la viveza..son los mismos políticos que empujaron al pais al abismo, con otros rostros. Los adecos y copeyanos de siempre, leyendo apresuradamente un libro de Marxismo para Dummies. Y estos también nos hundirán, porque carecen del tipo de valores que necesitamos. Dónde están los cambios? Para mí no hay diferencia entre las colitas de la IV República y las de la V República -para los no enterados, una cola en Venezuela es un aventón, y aqui recordamos un escándalo suscitado en 1998 cuando se descubrió que algunas personas -léase amigos y familiares- usaban los aviones de PDVSA para viajar, a cuenta de que había suficiente puesto en la nave. El propio gobierno, al principio, condenó estas prácticas, sin embargo...- Para mi, no hay diferencia entre financiar campanas en Nicaragua -lo hizo Pérez y por ese motivo fue destituido- y financiar campanas en Argentina, Centroamérica, Ecuador, Bolivia y las que no sabemos. Para mi, la impudicia de la juez que lanzó el dinero por la ventana al descubrirse cercada por la policía, y los jueces que se inventan sentencias injustificables e insostenibles juridicamente, sólo para complacer a Miraflores, es exactamente la misma.
No aprendimos nada, ni en 40 anos ni en 10. Ni ellos ni nosotros, empezando por los gobernados, el llamado pueblo, que en estos momentos parece comprar sin pensar cualquier tesis que le vendan desde el gobierno -por ejemplo, el disparate de la reelección-. Nuestros dirigentes, por otro lado, aún no han entendido de que va la democracia. Se podría incluso decir que menos: el sectarismo y la intolerancia se venden al mejor postor. Ahora resulta que la violencia, el insulto fácil, la falta de argumentos -todo es culpa del Imperio- y la descalificación -cuando no la agresión física directa-, por ejemplo, son también formas de gestionar la política. Se sigue confundiendo la chicha con la limonada; Estado y gobierno son la misma cosa. También, claro está, el gobierno es la voluntad única del presidente, quien a su vez encarna al pueblo y ejerce su representación. Queda claro que por el camino, se extraviaron los conceptos de pueblo, gobierno, estado, funcionario, nación...y a nadie le importa, que es lo peor. La democracia venezolana es una perpetua confusión, y eso nos hace vulnerables a la manipulación y el engano. No existe revolución, desde luego. Sólo un ya largo, equivocado, concepto de democracia. Una penosa versión, venezolana, que a dia de hoy todavía muestra síntomas de vigorosa salud...
Leer Mas......













